Después de que fuese necesario abortar el lanzamiento del Columbus el pasado 6 de diciembre, su acoplamiento a la Estación Espacial Internacional es ya una realidad, en febrero de 2008.

GeoFlow, lleva sello español y la garantía de las labores de investigación que realiza el E-USOC, instalado en el Campus de Montegancedo de la Universidad Politécnica de Madrid.

El laboratorio Columbus, ese cilindro de 6,7 metros de largo, 4,5 metros de diámetro y un peso de unas 13 toneladas, es la principal aportación europea a la Estación Espacial Internacional (ISS). En su interior, cuatro cabinas especializadas en distintas áreas de estudio: Biolab, para cultivos celulares y el experimento con microorganismos; EPM, para estudiar los efectos sobre el cuerpo humano en las largas estancias en el espacio; el MSL, el laboratorio de Ciencia de Materiales, y el FSL, para observar el comportamiento de los fluidos en ausencia de gravedad. A ellos hay que añadir un quinto cubículo multiuso, que contiene otras instalaciones experimentales de menor tamaño.

Teleciencia, la ciencia a distancia
Este gigante de la ciencia fue finalmente orbitado el día 7 de febrero. Un día que difícilmente olvidarán los integrantes del Centro de Operaciones y Soporte a Usuarios (E-USOC) español y entre ellos, su directora, Ana Laverón. El experimento asignado al E-USOC, GeoFlow, fue seleccionado como experimento demostrador de las capacidades de teleciencia del Columbus por la Agencia Espacial Europea (ESA).

Por ello, “supone un reto gigantesco, pero también un orgullo. Es el primer experimento que se va a hacer y en el que todo el mundo está volcado en este momento. Ahora después de haber visto el lanzamiento, notas una responsabilidad enorme”, afirma con una sonrisa de satisfacción.

A pesar de lo que se pueda pensar, este laboratorio no precisará de una persona manejando los equipos in situ, sino que “está pensado para hacer teleciencia, que el astronauta haga lo menos posible, porque su tiempo es muy valioso. Sólo tendrá que encargarse del mantenimiento y el montaje inicial del experimento”, explica Ana Laverón.

El proceso es el siguiente: el astronauta se encuentra con el módulo de Ciencia de Fluidos (FSL) abre un cajón e introduce en él un contenedor, que es el experimento que se va a realizar. A continuación conecta el contenedor al laboratorio, lo cierra, lo atornilla y desde ese instante es el E-USOC el que toma el mando desde Tierra.

La experimentación en microgravedad es la piedra angular de esta misión. De su importancia nos habla esta Doctora Ingeniera Aeronáutica: “estudiar este campo es importante obviamente para poder desarrollar más tecnología en vehículos espaciales, pero también porque hay muchos efectos de cómo se comportan los sistemas físicos o biológicos que en la Tierra están enmascarados por culpa de la fuerza dominante que ejerce la gravedad”.

El GeoFlow consiste en dos esferas concéntricas, una dentro de la otra y entre ambas un fluido, que se estudia para observar el movimiento y comportamiento de los fluidos geofísicos. Las esferas están sometidas a una rotación que simula la rotación de la Tierra y a un campo eléctrico radial que simula la gravedad de la misma.

También se les somete a una diferencia de temperatura entre la esfera exterior e interior. Sus aplicaciones, además del estudio de los fluidos geofísicos propiamente dichos, servirán para diseñar nuevos cambiadores de calor espaciales de alto rendimiento.

En cuanto a los datos que se reciben destacan dos tipos. Por una parte, la telemetría que proporciona los datos de todos los sensores que llevan el equipo, el FSL y el propio Columbus, y de otro, unas fotografías tomadas por cada 60º de giro, a distintas velocidades, campo eléctrico y diferencia de temperaturas entre las esferas del GeoFlow.

Una vez realizado el ajuste fino de todos los parámetros (la luz, el enfoque, el giro, la temperatura, etc. son los adecuados), se ejecuta el procedimiento denominado EP, un programa que se cargará en el ordenador del FSL, escrito por los operadores del E-USOC, que va modificando las variables del mismo en función de los puntos paramétricos que el Investigador Principal del experimento quiere probar.

Al ser EP un procedimiento automático, permite tomar muchos datos en muy poco tiempo. Datos, que provienen de una red de comunicación muy compleja, ya que el Col-CC, el Centro de Control de Columbus en Munich recibe todos los datos de EEUU y a su vez los distribuye a los USOC responsables de cada experimento.

Ahora, con el Columbus ya ensamblado a la ISS, se inicia una nueva fase, pues en breve comenzará a funcionar GeoFlow. Con la vista en el futuro, la profesora de la ETSIA, espera que aumenten los recursos que se dedican a este tipo de investigación. “Espero que todos estos laboratorios funcionando y dando resultados, revierta en más investigación y colaboración entre todos los científicos, ya sean europeos, americanos o japoneses”.

El E-USOC, investigación puntera en la UPM
En el día a día de este centro de investigación trabajan nueve personas, divididas en tres grupos: los Controladores de Tierra, los Operadores y los Científicos. Los primeros se encargan de mantener todos los sistemas de teleoperación funcionando, mientras que los segundos se encargan de comandar y de recibir la telemetría.

Los científicos tienen que trabajar con los investigadores que han desarrollado el experimento para entender y conocer qué es lo que se espera obtener. Una de sus labores más relevantes son las campañas científicas, que consisten en probar lo que se quiere experimentar.

Para ello, de cada experimento se hace un modelo de vuelo, que es el que se manda a la Estación y un modelo de ingeniería, que es una copia del modelo de vuelo pero para que pueda ser operado en Tierra teniendo en cuenta la gravedad; éste es el que se entrega al USOC responsable del mismo.

Como subraya la directora, “este es un centro muy importante para la Universidad y en particular para la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Aeronáuticos (a la que se adscribe), ya que es el único Centro de Control para Operación de Experimentos en el Espacio de España y uno de los pocos de Europa”. Para ella es todo un privilegio formar parte de él y ahora “queremos darlo a conocer entre los alumnos, organizar visitas, porque tienen un gran desconocimiento, pero una vez que lo conocen les parece interesantísimo”.

Ana Laverón Simavilla
Es Doctor Ingeniero Aeronáutico por la UPM desde 1994, donde también curso sus estudios universitarios y obtuvo el título de Especialista en Tecnología de Vehículos Aeroespaciales.

Su labor docente se enmarca en el área de la Aerodinámica y está adscrita al Departamento de Vehículos Aeroespaciales de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Aeronáuticos
de la Universidad Politécnica de Madrid.

En 1999 se integra en el E-USOC como Directora Adjunta y Coordinadora Científica; durante el 2005 pasa a ser su Directora Técnica y desde el año 2006 ostenta la dirección de este centro de investigación del ámbito aeroespacial.

Fuente: universia.es


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